Un poema sin remordimientos para la rentrée

Si pudiera escoger,
dar sueño atrás en la invidencia y los perfumes
para elegir con qué herramienta, sin temblor pasaría
nuevamente
por ti.

Todo aquel desconsuelo de aguarrás,
los academicismos del dolor
con sus narcisos en lámparas de aceite,
no se los deseo a nadie: los quiero
para mí.

Vadear cada túnel
igual que atravesé tu vida: hacia la luz. Para ensancharme al aire
como sábana en fiesta. Tras la gripe,
nuestra piel nos perdona y nos estrena y el mundo
se hace postre.

Hay mordiscos de música sólo para tu estómago de ayer.

Hay ríos que arrastran todo el jabón de las abuelas.

Hay muros tan hermosos que son altos
de manos -y de altura las mías,
mis dos supermurientes,
pinceles de walkiria que le debo a tu forma
de hacer sal-.

Volvería a pasarte, mil y un cuerpos, como una enfermedad de juventud.

.

En el blog de su autora, Látigo verde.

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