A la que falta portada
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Homenaje a la madre

… y aquel mundo de la niñez y la adolescencia es A la que falta de Luis Miguel Rabanal, editado por Origami. Cuando se cumplen casi cuatro décadas de que el escritor y poeta leonés comenzara su fértil trayectoria literaria, hace dos semanas sus amigos y compañeros de dos generaciones le homenajeaban por su fecunda obra tanto en León como en Riello de Omaña, nos llega este poemario dedicado a su madre. Entre las fotos que destacan de aquel homenaje, podéis ver una del padre de Luis Miguel el día de la celebración en la que él y los organizadores y participantes del evento se muestran emocionados por lo que están viviendo. Y eso, vivencias y cómo las han vivido es lo que retrata Rabanal en este libro. Acontecimientos de la vida diaria desde la niñez hasta este tiempo en que ha llegado a la edad de ser abuelo.

Es una obra, como señala Javier Gil Martín en el Epílogo que completa otros libros anteriores como son Camineros, jícaras, verdugos (2008); Mortajas (2009); Música para torpes (2012). Como indica Ana Martín Puigpelat en su Prólogo en ella Rabanal baila con sus versos entre la vida y la muerte, y le pone música a ambas a través de símbolos como son los cristales y los retales. Aunque la cubierta de Origami, de gran belleza, con esas agujas, bobina de hilo y fino paño de hilo, nos indica que unas manos sabias como las de una madre acaban haciendo unos paños artísticos. Y Luis Miguel como su hermano Xen, y su propio hijo o su mujer, se han comprometido desde hace años con proseguir ese sendero, ese legado, poniendo a los reveses y a las alegrías de la existencia, arte. Se desnuda a través de los poemas de A la que falta del dolor que sintieron en su familia durante la enfermedad y tras el fallecimiento de Cristina Rabanal. La vemos entrar en esa espiral que es la caída en picado de la persona cuando los padecimientos acaban conduciendo al último viaje. Ahora bien, deja abierta la puerta a la esperanza de una primavera sanadora. Un tiempo que anuncia una catarsis, porque aunque la vida sea dura, merece la pena encararla con alegría y vitalidad. Más aún cuando se ha tenido el ejemplo de una mamá capaz de sortear los problemas de las circunstancias vitales en tiempos duros.

Dividido en tres partes, Cenizas, Daños y Desnevios, vamos viajando a través de los versos de Rabanal para toparnos cara a cara con la muerte. Relata los últimos días de ella sin tapujos. Quien lea con sensibilidad e inteligencia este libro obtendrá de él una rica fuente de experiencia para cuando tenga que asumir la misma circunstancia. Entronca Rabanal con lo más granado de la literatura española y universal, con las Coplas de Manrique. Escuchamos en su lírica los ecos, meditamos sobre las dudas, sentimos la angustia que llora. Plantea una realidad a la que cualquier persona nos tenemos que enfrentar, la pérdida de los seres queridos. La ausencia de su no presencia física hay que asimilarla y vencerla. Se agitan los recuerdos. Vemos como Rabanal, entroncando con los planteamientos de Ortega y Marías sobre la geografía sentimental, aborda esa vivencia que es cómo se vive el paisaje cotidiano tras la muerte de ella. Las casas, el pueblo, los campos de buganvilla o la noche y el día, adquieren otros significados. Hasta el aire se vuelve pesado y tóxico. El cielo y el ambiente anuncian tormentas. Como aquellas que tuvieron que padecer las mujeres de la generación de su madre que sufrieron abusos. Y Rabanal se rebela frente aquellos que no se implican en la vida. Aquellos que no se mojan a la hora de afrontar la enfermedad, de quienes viven presos del rencor y la envidia. Esos que viven sin pasión ni deseo. Frente a ellos, la madre es sal y luz, camino de esperanza e ilusiones, paradigma de valores para el sendero vital.

Y para ir cerrando esta reseña de A la que falta (Origami, 2013), queridos lectores del Rick´s Café os dejo este retrato poético que es Ganglio centinela en el que se escucha el silencio y se siente la luz en penumbra.

El desprecio no sirve para dormir
con las ventanas cerradas,

ni para dar sabios consejos
al que no termina de mostrarse.
Sorben el alcohol exigido,
aparta su ropa de la silla
y aún le aflige ser cruento
con la imagen de la madre
que acepta su suerte.

(Cristina cose faldas,
escucha la novela en la radio.

Los tres aguardaban discursos
ociosos puestos en boca
del más remolón).

La galería y al fondo del monte
otro monte turbador que averigua.
San Isidro y la miel.

Quién iba a pensar
que no estaríamos juntos
para conmemorar fechas
difíciles. Un domingo como hoy
lejos de ti. Quién me acaricia
con bondad el pasado

como si fuera un embuste.

.

Gracias, Manuel.

 

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