A VER QUÉ LLEVA EL VIENTO

A ver qué lleva el viento-gato receloso,
ratones o música en la boca, a ver
cómo pasa el verano a cuchillo de sol
y noche animal que no duerme.

A ver qué se nos ocurre
meternos entre carne y piel para cruzar al vuelo
este páramo
donde se asienta el circo-perro que ladra-fiera enjaulada,
payaso que fuma,
payaso que ríe,
payaso que calla.

A ver qué podemos pillar, rota la hucha
con las monedas del billete para el viaje
en barcos que navegaban sábanas de cuna,
ojos llenos de acuosos aeroplanos,
promesa de islas,
alborotado sueño de palmeras y tigres
en paz con la tierra, en paz con la carne,
lienzo para el estallido de la luz.

A ver qué sueños guarda esta pastilla,
qué unicornios traerá desde el asombro del niño
a comer en nuestra mano el azúcar
de los relojes de arena.

A ver quién nos duerme dentro
y qué canta o grita,
qué amenazas, qué vuelcos del corazón
trae bajo las alas como bombas de mano contra el olvido.

A ver qué lleva el viento-gato receloso,
ratones, música o sangre en la boca.

.

Toño Benavides, “Los chicos del vertedero”, Canalla Ediciones, Madrid 2012. Prólogo de Batania.

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2 comentarios en “Los chicos del vertedero

  1. Magnífico. Daría yo por él… No sé. La verdad es que tengo 7 gatos adorables esa imagen que se repite… y el poema me parece tan… expectativa… No siempre un poema lleva una idea. Aquí parece que hay un gran espejo roto lleno de imágenes sugerentes.

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