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El Belmondo acoge un acto de presentación-lectura del nuevo poemario de Luis Miguel Rabanal

Por L. Castellanos | 07/11/2013

Luis Miguel Rabanal es una de las grandes voces de la poesía leonesa contemporánea. Tras ‘Variaciones (Total S. E. ú O.)’, publicado por la Imprenta Casado en 1977, ha ido rubricando una veintena de poemarios que dan cuenta de una obra literaria que queda completada con dos incursiones en el terreno de la narrativa: ‘Elogio del proxeneta’ y ‘Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza’. Atado a una silla de ruedas y conectado al mundo a través de las nuevas tecnologías y, fundamentalmente, la literatura, Rabanal ha encontrado en la ironía y el humor vehículos idóneos para medirse a la realidad. Y si no ahí valga como ejemplo esa nota biográfica donde Rabanal, natural de Riello (territorio que ha dotado de un aroma fantástico y que ha rebautizado como Olleir), vincula su infancia a una banda de malhechores, Los petardos (“sembrando el oprobio y la iniquidad por muchos sitios y haciendo la vida imposible a los felices transeúntes del triste Camino del Ariego. Aquellas y otras historias fueron llevadas con posterioridad a la pantalla de la serie televisiva Jiménez y el burro, El curro de Jiménez, o algo parecido”), y reseña también los cursos “de liturgia y onanismo” en diversos centros “a los a los que, por desgracia, no pudo prender fuego en su momento”.

La poesía de Rabanal se nutre de muchas referencias propias y así ha sido también en su último libro, ‘A la que falta’, publicado por la editorial Origami, con prólogo de Ana Martín Puigpelat, epílogo de Javier Gil Martín y portada de Julia D. Velázquez. Aunque ya vivió una primera presentación en Riello durante el verano pasado, el bar Belmondo acogerá otro acto en torno al libro en el que participarán Eloísa Otero y Felipe J. Piñeiro y al que se podrá sumar también cualquiera que lo desee a través de un micro abierto, organizado para la ocasión para formalizar la lectura de algunos de los poemas del autor leonés. Aunque ya dedicó en 2008 un libro a la figura de su madre ausente, ‘Camineros, jícaras, verdugos’, Luis Miguel Rabanal ha insistido nuevamente en ello en ‘A la que falta’. ‘Cenizas’, ‘Daños’ y Desnevios’ son las denominaciones que reciben las tres partes en que queda articulado el libro “en el que difícilmente se entra y del que difícilmente se sale (como esos pasajes de la infancia, desnevios, que nunca llegan a abandonarnos del todo)”, tal y como ha escrito Javier Gil Martín en el epílogo para quien la intención de Rabanal es “la de ahondar en el dolor”.

De “libro valiente” califica Ana Martín Puigpelat el nuevo poemario de Rabanal, asegurando también que “contiene una escritura sincera, como la lluvia, como las huellas en la arena de la playa. Irrepetible. Genuina. Sólo un gran poeta puede hacer algo así”. “A pesar de las ampollas, seguiré releyendo estos poemas porque son necesarios, porque hieren de belleza y razón. Y después del daño, llega abril, deshace el hielo y crea la música otra vez. El paso despiadado de la vida”, conviene Puigpelat para la que “el poeta Luis Miguel Rabanal lleva ya libros intentando relacionarse con la muerte de la misma manera que se relaciona con la vida: a versos y tardes tormentosas. Porque muerte y vida son las dos caras de una misma moneda que lleva años de canto girando entre sus letras”

De la conciencia ridícula

X

Quien viene a verme ahora
trae regalos
con que alegrar el corazón,
mide con parsimonia
las ruedas de mi silla
y declara lo atroz del sufrimiento.
Se contrae su rostro
como una afrenta que olvidar
uno de estos días.
Se marcha muy apesadumbrado
a buscar el oscuro límite frío de la calle.
Me hubiera apetecido retenerlo,
y ofrecerle mi dolor
a cambio de su asombro.

Pero se fue corriendo.

Un poema de Martha Asunción Alonso

Un poema sin remordimientos para la rentrée

Si pudiera escoger,
dar sueño atrás en la invidencia y los perfumes
para elegir con qué herramienta, sin temblor pasaría
nuevamente
por ti.

Todo aquel desconsuelo de aguarrás,
los academicismos del dolor
con sus narcisos en lámparas de aceite,
no se los deseo a nadie: los quiero
para mí.

Vadear cada túnel
igual que atravesé tu vida: hacia la luz. Para ensancharme al aire
como sábana en fiesta. Tras la gripe,
nuestra piel nos perdona y nos estrena y el mundo
se hace postre.

Hay mordiscos de música sólo para tu estómago de ayer.

Hay ríos que arrastran todo el jabón de las abuelas.

Hay muros tan hermosos que son altos
de manos -y de altura las mías,
mis dos supermurientes,
pinceles de walkiria que le debo a tu forma
de hacer sal-.

Volvería a pasarte, mil y un cuerpos, como una enfermedad de juventud.

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En el blog de su autora, Látigo verde.

Poema para incontinentes

HA TOMADO un libro de la mesa
y lee en voz muy baja, pretendiendo recuperar
la costumbre de hablar consigo a solas
y de contarse mentiras, atreviéndose
a mirar en las páginas gastadas
un mundo que le arrancó una vez las manos.
Dicen que la bruma envuelve el recuerdo
con guantes de charol y vino turbio.
Lee palabras abruptas
como maldiciones, dulces
como muchas noches de deseo impostergable.
«Ese soy yo, el que ya no es yo
y se mutila ferozmente porque trata
de asirte con su cuerpo ajado».
Afuera se oye el trepidar confuso
de la tarde y él bosteza,
y tiene miedo.

A la que falta en Rick´s Café

A la que falta portada
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Homenaje a la madre

… y aquel mundo de la niñez y la adolescencia es A la que falta de Luis Miguel Rabanal, editado por Origami. Cuando se cumplen casi cuatro décadas de que el escritor y poeta leonés comenzara su fértil trayectoria literaria, hace dos semanas sus amigos y compañeros de dos generaciones le homenajeaban por su fecunda obra tanto en León como en Riello de Omaña, nos llega este poemario dedicado a su madre. Entre las fotos que destacan de aquel homenaje, podéis ver una del padre de Luis Miguel el día de la celebración en la que él y los organizadores y participantes del evento se muestran emocionados por lo que están viviendo. Y eso, vivencias y cómo las han vivido es lo que retrata Rabanal en este libro. Acontecimientos de la vida diaria desde la niñez hasta este tiempo en que ha llegado a la edad de ser abuelo.

Es una obra, como señala Javier Gil Martín en el Epílogo que completa otros libros anteriores como son Camineros, jícaras, verdugos (2008); Mortajas (2009); Música para torpes (2012). Como indica Ana Martín Puigpelat en su Prólogo en ella Rabanal baila con sus versos entre la vida y la muerte, y le pone música a ambas a través de símbolos como son los cristales y los retales. Aunque la cubierta de Origami, de gran belleza, con esas agujas, bobina de hilo y fino paño de hilo, nos indica que unas manos sabias como las de una madre acaban haciendo unos paños artísticos. Y Luis Miguel como su hermano Xen, y su propio hijo o su mujer, se han comprometido desde hace años con proseguir ese sendero, ese legado, poniendo a los reveses y a las alegrías de la existencia, arte. Se desnuda a través de los poemas de A la que falta del dolor que sintieron en su familia durante la enfermedad y tras el fallecimiento de Cristina Rabanal. La vemos entrar en esa espiral que es la caída en picado de la persona cuando los padecimientos acaban conduciendo al último viaje. Ahora bien, deja abierta la puerta a la esperanza de una primavera sanadora. Un tiempo que anuncia una catarsis, porque aunque la vida sea dura, merece la pena encararla con alegría y vitalidad. Más aún cuando se ha tenido el ejemplo de una mamá capaz de sortear los problemas de las circunstancias vitales en tiempos duros.

Dividido en tres partes, Cenizas, Daños y Desnevios, vamos viajando a través de los versos de Rabanal para toparnos cara a cara con la muerte. Relata los últimos días de ella sin tapujos. Quien lea con sensibilidad e inteligencia este libro obtendrá de él una rica fuente de experiencia para cuando tenga que asumir la misma circunstancia. Entronca Rabanal con lo más granado de la literatura española y universal, con las Coplas de Manrique. Escuchamos en su lírica los ecos, meditamos sobre las dudas, sentimos la angustia que llora. Plantea una realidad a la que cualquier persona nos tenemos que enfrentar, la pérdida de los seres queridos. La ausencia de su no presencia física hay que asimilarla y vencerla. Se agitan los recuerdos. Vemos como Rabanal, entroncando con los planteamientos de Ortega y Marías sobre la geografía sentimental, aborda esa vivencia que es cómo se vive el paisaje cotidiano tras la muerte de ella. Las casas, el pueblo, los campos de buganvilla o la noche y el día, adquieren otros significados. Hasta el aire se vuelve pesado y tóxico. El cielo y el ambiente anuncian tormentas. Como aquellas que tuvieron que padecer las mujeres de la generación de su madre que sufrieron abusos. Y Rabanal se rebela frente aquellos que no se implican en la vida. Aquellos que no se mojan a la hora de afrontar la enfermedad, de quienes viven presos del rencor y la envidia. Esos que viven sin pasión ni deseo. Frente a ellos, la madre es sal y luz, camino de esperanza e ilusiones, paradigma de valores para el sendero vital.

Y para ir cerrando esta reseña de A la que falta (Origami, 2013), queridos lectores del Rick´s Café os dejo este retrato poético que es Ganglio centinela en el que se escucha el silencio y se siente la luz en penumbra.

El desprecio no sirve para dormir
con las ventanas cerradas,

ni para dar sabios consejos
al que no termina de mostrarse.
Sorben el alcohol exigido,
aparta su ropa de la silla
y aún le aflige ser cruento
con la imagen de la madre
que acepta su suerte.

(Cristina cose faldas,
escucha la novela en la radio.

Los tres aguardaban discursos
ociosos puestos en boca
del más remolón).

La galería y al fondo del monte
otro monte turbador que averigua.
San Isidro y la miel.

Quién iba a pensar
que no estaríamos juntos
para conmemorar fechas
difíciles. Un domingo como hoy
lejos de ti. Quién me acaricia
con bondad el pasado

como si fuera un embuste.

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Gracias, Manuel.

 

Vídeos de primera 19

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http://youtu.be/ZpA9oshtA5E

Vídeo del homenaje poético AL BORDE DEL CAMINO, a Luis Miguel Rabanal, que tuvo lugar el viernes 6 de septiembre en el Bar Belmondo, León, en el que participaron los siguientes escritores y poetas: José L. Campal, Silvia D. Chica, Sara Sánchez, Mar Ferreras, Ana Ibáñez Córdoba, Eloísa Otero, Toño Morala, Vicente Muñoz, Ramiro Pinto, Felipe J. Piñeiro.

© Juan Luis García 2013

Cuaderno de junio

cuaderno de junio
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DI QUE NO, QUE YA SE FUERON los golpes y los labios
a otro imaginarte que tú no conoces, que ya los prismas del dibujo,
muchacha solísima celebrando el amor,
se emborronan poco a poco en la memoria. Di tu entonces,
tu intercambio de pechos en lo oscuro de una plaza, tu mañana
tergiversada o verde cuando reflejas el sentido de las cosas,
di también nuestro húmedo pensarte,
de un amor que se distrae en la mirada como un eco,
de un amor que se obtiene separando los cuerpos más vencidos.
Pues la ausencia es una mano que te avisa,
que recuerda en ti que ya va siendo tarde o triste
el fervor, lo esencial y la costumbre, que apoya en ti
las ganas de irrumpirte nuevamente como si nada hubiese
sucedido en el nacer de las posturas que te labian.
O dinos la rutina de los sexos, árboles o noches que te cubren
de necios onirismos, de descuidos placenteros, de lágrimas vestidas
con el sabor infinito del pasado,
o la rápida residencia que te aproxima a lo desnudo
de las veces, y sin embargo recordarás la abundancia solamente,
dejarás a un lado los almanaques crecidos cuando ibas.
Y es que nos importa el hueco cierto que ahora vive con nosotros
como un pájaro que no acude, como una mano obcecada
en destruir lo escrito, el total amado, la postración de la intemperie,
un silencio apurado con los años obligados a traer
tu rostro, a bebernos tus horas más calladas. Pero di que no,
que hay deseo de olvido sin olvido, que así ya no nos nombras
ni nos piensas, que apenas te aludimos, que sigues siendo nuestra.

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De «Cuaderno de junio», Col. Provincia, León 1984

Los chicos del vertedero

A VER QUÉ LLEVA EL VIENTO

A ver qué lleva el viento-gato receloso,
ratones o música en la boca, a ver
cómo pasa el verano a cuchillo de sol
y noche animal que no duerme.

A ver qué se nos ocurre
meternos entre carne y piel para cruzar al vuelo
este páramo
donde se asienta el circo-perro que ladra-fiera enjaulada,
payaso que fuma,
payaso que ríe,
payaso que calla.

A ver qué podemos pillar, rota la hucha
con las monedas del billete para el viaje
en barcos que navegaban sábanas de cuna,
ojos llenos de acuosos aeroplanos,
promesa de islas,
alborotado sueño de palmeras y tigres
en paz con la tierra, en paz con la carne,
lienzo para el estallido de la luz.

A ver qué sueños guarda esta pastilla,
qué unicornios traerá desde el asombro del niño
a comer en nuestra mano el azúcar
de los relojes de arena.

A ver quién nos duerme dentro
y qué canta o grita,
qué amenazas, qué vuelcos del corazón
trae bajo las alas como bombas de mano contra el olvido.

A ver qué lleva el viento-gato receloso,
ratones, música o sangre en la boca.

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Toño Benavides, “Los chicos del vertedero”, Canalla Ediciones, Madrid 2012. Prólogo de Batania.

Un poema de MJ Romero

La ciudad era una fiesta como un parís sin fecha en celuloide
una tartana fuera de su tiempo
los habitantes ya escaseaban entonces
no mendigues fuera de tu calle
rezaba en un cartel del antiguo consistorio
donde ellos mendigaban ladraban los perros callejeros
sin cesar y hambrientos
algún buitre llegado del bosque más próximo sobrevolaba sus piezas
ya habían pasado las bicicletas hacia la playa
y no circulaban por la calzada principal tranvías amarillos
las salas de juego situadas en las esquinas de las calles estaban cerradas
y sin música llamativa hacia el silencio de los jugadores compulsivos
el regidor seguía sentado bajo los soportales
casi ciego
como una estatua
leal en su vejez a la ciudad de piedra.

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Del inédito «La donna del claqué».