Paula y Mary, estudiantes de física

Nadie nos ha visto rogar el amor
a las puertas de los cines.
Hemos pegado en la pared su nombre,
nos hemos desnudado tantas veces
por verle crecer en nuestra boca.
Con el hastío llegan cuerpos desechados,
en fila, con las manos lavadas,
a hurgar en nuestros muslos.
Feliz a quien yo elijo.
Los hay que prefieren en el deseo
banderitas clavadas a madres amorosas.
Todos los goznes suenan a la vez
cuando disfruto: el tiempo se parece
a esa tarifa diplomática.
Fotografiamos el amor
para cuando seamos viejas.

14 de mayo de 1995