A la que falta (un poquito) en Diario de León

Pelayo Lobo Conty |

El poeta leonés Luis Miguel Rabanal presenta hoy en Riello, su localidad natal, su último libro de poesía A la que falta, dedicado a su madre, ya fallecida. Tras una larga trayectoria, este agosto hace 36 años que el autor omañés publicaría su primer libro. De este modo, Riello, que ya le homenajeó con una calle con su nombre, protagonizará el estreno de su nuevo poemario.

—¿Cuál es la temática de su próximo libro ‘A la que falta’?

—Es un libro pensado única y exclusivamente en la muerte de mi madre.

—¿Cuáles son los rasgos que mejor definen su estilo? En este libro y a lo largo de toda su carrera literaria.

—No estoy muy seguro todavía, después de más de treinta y seis años de escritura, de haber conseguido un estilo propio. No es algo que me quite el sueño a día de hoy.

—¿Hay algún hecho clave que haya condicionado su forma de escribir?

—En el Instituto Padre Isla, durante el curso 1974-1975, en COU, en un pupitre a mi derecha, Miguel Ángel Llamazares, si no recuerdo mal su nombre, escribía como un descosido poemas a su amor no sé si real o imaginario. Debería probarlo también, me dije, mi amor tenía nombre y apellidos. Aquellos fueron los comienzos, pero lo que se puede denominar «forma» de escribir, supongo que será causada por una serie larga de acontecimientos personales, casi todos ellos la mar de divertidos…

—¿Qué le evoca pensar en Omaña y en Riello? ¿Han marcado su forma de crear literatura?

—Para paliar esa ausencia y acortar esa distancia (mínima y a la vez tan inmensa) creé un territorio literario hace unos cuantos años, Olleir. Pero a la hora de la verdad, a la hora del recuerdo y de la añoranza de personas y de épocas pretéritas, no sirve absolutamente para nada, lo tengo más que comprobado. Me da igual, yo insisto, Olleir es mi paraíso insuperable.

—¿Cómo resumiría en breves palabras su trayectoria literaria?

—Desde agosto de 1977, fecha de la publicación de mi primer y horrible libro hasta julio, fecha de salida de A la que falta, han pasado demasiados años y atrás han quedado no pocos libros, de poesía la mayoría y un par de ellos de narrativa un tanto sospechosa.

—¿Qué opinión le merece la poesía de nuestros días?

—Pronto hará diez años que por razones muy diversas no leo libros en papel. Leo en Internet publicaciones que me hacen llegar los amigos, leo blogs, y a través de estas lecturas podría decirse que la poesía, al menos con la que yo me codeo, aunque mínimamente, goza de bastante buena salud.

—¿Como definiría usted a los lectores de poesía?

—Que los lectores de poesía acostumbran a ser mayormente los propios poetas es de sobra conocido. Pero hay un público, mínimo, me temo, que disfruta de la poesía como de algo necesario íntimo y perverso. Es este el lector a mimar. Habría incluso que llevárselo a casa a merendar y regalarle en pascua florida una camisola de rayas amarillas.

—¿El mejor reconocimiento que pueda encontrar en la vida, como poeta y como persona?

—El mejor reconocimiento que haya podido encontrar en la vida lo vengo disfrutando desde hace veinticinco años, se llama María Jesús. Como poeta no preciso ningún tipo de reconocimiento, eso sí, agradecería (no por mí sino por mis editores) que la gente comprase y leyera mis libros…

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Cortesía de Julia D. Velázquez
Cortesía de Julia D. Velázquez