ESCOMBRO

Sus sueños de grandeza no concluyeron
hasta el día en que cayó no enfermo, loco
allí, en el reino de la miseria, y se estuvo
entonces acostumbrando a lo que ya nunca dejaría
de ocurrirle, arrastrándolos pesadamente
—esos sueños— como a los cadáveres el celador nocturno en la morgue.
La idiotez ulterior
y su nueva mujer con la que se conoció en una clínica
como salvada —llena de tizne— del derrumbe de un incendio en el Bronx
donde se mata a las casas con fuego
un dolor de cabeza que lo obliga a desistir en seguida
de la más mínima lectura
y a vender sus libros ilegibles al menudeo
entre amigos que con razón preferirían no verlo
sus inoportunas llamadas telefónicas a cuenta del receptor en horas del amanecer
silenciosas o como si lo fueran
todo eso y la comodidad, por fin, del escombro humano
lo han hecho echar raíces en las proximidades del Reino
cerca de la locura.

.

De su libro “A partir de Manhattan”, Ediciones Ganymedes, Valparaíso 1979

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2 comentarios en “Enrique Lihn

  1. inoculas guitarra eléctrica al equinoccio
    devoradoras han de ser las raíces cuando ha ardido el horizonte entre las venas
    tus metáforas son semen que insemina ese silencio sombrío del cerrar los párpados y ver la jodida ciudad en el mismo sitio

    placer pasar por aquí

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