Enrique Lihn

ESCOMBRO

Sus sueños de grandeza no concluyeron
hasta el día en que cayó no enfermo, loco
allí, en el reino de la miseria, y se estuvo
entonces acostumbrando a lo que ya nunca dejaría
de ocurrirle, arrastrándolos pesadamente
—esos sueños— como a los cadáveres el celador nocturno en la morgue.
La idiotez ulterior
y su nueva mujer con la que se conoció en una clínica
como salvada —llena de tizne— del derrumbe de un incendio en el Bronx
donde se mata a las casas con fuego
un dolor de cabeza que lo obliga a desistir en seguida
de la más mínima lectura
y a vender sus libros ilegibles al menudeo
entre amigos que con razón preferirían no verlo
sus inoportunas llamadas telefónicas a cuenta del receptor en horas del amanecer
silenciosas o como si lo fueran
todo eso y la comodidad, por fin, del escombro humano
lo han hecho echar raíces en las proximidades del Reino
cerca de la locura.

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De su libro “A partir de Manhattan”, Ediciones Ganymedes, Valparaíso 1979

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