Había otro cuerpo que querer al lado, otro cuerpo que hacer pasar por travesura idéntica y en ello se afanó el caballero de la sonrisa triste. Silvana Ortega continuaba muda después de entrever el estado en el que quedó su compañera, tan altiva en otros lances, uy si ella contara. Sólo soy un mero espectador de vuestra intransigencia, predicaba el caritativo entre dientes mientras su función con la señora se limitaba por el momento a escoger de la bandeja ideal de profilácticos uno con sabor a menta y a rocío y a ponérselo de pie. (Nadie quiso mirar por qué Jennifer lloraba).

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