Trasgos

El paseante de la colina advierte: no canturrees cuando ella no está, frota sus manos con discreción pero no te envalentones en el intervalo previo a que haya caído, casi casi derrotada, en tu mediocre y singular amnesia. La polla de S. cumple con lo estipulado, se afana contigo, debe ahora ser verdad que has muerto con ella al venir de otro arrobo, vístete, hazlo sin ti. Ella se enternece, si supiera que no han llegado aún al tiempo prescrito, la noche atroz de los jabalíes, en suspense el hambre del que manosea su estigma mejor. El paseante de la colina advierte: no estés desprevenido, vigila tu flanco porque es siniestro y su cara y ciertos artilugios que emplea a tus espaldas se asemejan al monstruo de las cuatro. Sonríen, se arrancan los cabellos, se descalzan acaso, se bañan sin luz en la luz indeseable del arroyo. Energúmenos, caracoles con la niña, etcétera…

 

Es mi aportación al primer número. Más información o pedidos, aquí.

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