El hombre espeluznante, el que cierra los ojos para vivir a solas mejor con su contrario, también hoy fuma de su pipa. A cada paso que da le surgen preguntas como ventanas tristes, él cambia de lugar sus piernas y llueve a deshora y cerca de aquí se desperdicia el escombro indecible. El hombre de nombre escurridizo, el que apura su copa de acíbar porque ha llegado corriendo el resplandor de la noche, lava su rostro con cierto estupor. Hay líquenes azules que tardan en renunciar a su sombra igual que vencejos pero no hagas caso a su voz, se parece a la desolación por su oscuro matiz de pesadumbre, ya sabes. El hombre intranquilo, el que no recuerda haber venido a tu lado, no está.

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