Es una larga historia, de esas
que se comentan al anochecer
en el bar de la esquina, el Javi
por ejemplo.
Una mujer
no muy hermosa que llega a la ciudad
de nadie sabe dónde.
Que vive en una casa mustia
sin vecinos, que envidiamos.
Un día, en el parque de Ferrera,
se sintió agotada, su corazón,
sus manos sin labores,
su vida seguramente concluida.
La verdadera historia no es
esto que se dice sin suponer
el dolor, o la renuncia.
En Buenos Aires, con dieciocho
años, mató a un hombre.
Vinieron tiempos de locura a rozarle
la frente, días de viento inmóvil
la ataron a una mesa.
Una botella de vodka barato.
Su vida es esa imagen de periódico,
muda, desolada.

15 de mayo de 1995

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