VIEJAS PIEDRAS BLANCAS para sentir
el húmedo calor del tiempo.
Han pasado los años y aún te crees
la mentira de entonces, si regresas
hazlo para siempre, como los que nada
guardan para sí, a no ser la decrepitud.
Casas en penumbra y huertos quemados.
Allí la infancia lloró su paraíso.
Y vienes hoy a detenerte
ante el paisaje donde pensabas morir.
Nadie te espera todavía, pobre hombre
que sufre, nadie te ha llamado.

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2 comentarios en “Un poema atribulado

  1. hay algo al leerte que cultiva lo que las manos abandonan sobre el tacto lascivo del olvido, una especie de conjura, de un pacto de esa lágrima que se vuelve de los otros pero no saben no llevarla los ojos, y el fuego que cotiza, nacido, otra vez sobre las calles o otra vez, donde las huellas delinquen la memoria de los suelos…otra vez…
    habita leerte, salud!

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