La casa del delirio

(Aldo Sanz)

De cada sonido se construía
una pisada más, alguien que recorre
sin memoria armarios, un quebrantado anochecer
que nos acerca al trébede sin fuego
como a la niñez perdida, tú ya sabes.
El corredor donde jugabas a pronunciar
palabras que nadie más oyera nunca,
las ganzas muy hirviendo
y el vino quemado al salir de la escuela.
De aquel otoño antiguo nada permanece
que puedas salvar de los aguzos,
de los perros con rabia
o de los niños que creen fusilar,
también ellos, al hombre derribado
que derrama tanta sangre y es tu rostro
que suplica.
Con un badil cualquiera, imagínalo,
golpearán tu cuerpo desnudo y pasará
la noche.

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