VI

A su puerta llamaba el pordiosero
y en la mano sucia llevaba
la burla de la tarde.
Sobre su pelo una razón que esconder
entre los aguzos,
la nieve usurpando el camino,
la hora que empieza a hacer sufrir.
Aquel hombre pretendía
solamente la felicidad.
Lo mismo que él, tu boca
la comió la sacavera.
Lo mismo que él, fue invadido
tu cuerpo por molestos temblores.
No debes mirarlo.

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