[¿Cuándo le dan de amar?, preguntaba la madre…]

¿Cuándo le dan de amar?, preguntaba la madre
que tenía un hijo adolescente
en el frente, un hijo dado
de amor, salido
de un vientre amantísimo.

¿Qué le dan de amar?, preguntaba angustiada
como cuando el hijo salía de colonias
y ella; el champú, el repelente
de mosquitos, la crema solar que,
ya sabes, has de darte con frecuencia,
y sé bueno como tú sabes serlo con tu mamita,
y le cargaba la maleta bien,
muy bien de besos.

¿Cuánto le dan de amar?, insistía ante el sargento
recordando cómo le daba
de amar, cómo le daba,
y después otras mujeres cómo
le dieron bien de amar,
no vaya a ser que se nos quede en los huesos,
y él en el frente
recordaba cómo le daban
ese trocito de pan, ese mendrugo, cómo
le daban de amar todas esas mujeres
y en especial ella,
ella,
su madre.

.

ÁBREME LA PUERTA LOLA

A la memoria de mi tía Rosa, mujer de otro tiempo

No os metáis más allá de la orilla,
nos decía siempre en los días, raros,
que mi aldea amanecía soleada,
cuidado con las olas, mujer sabia,
conocía las traiciones del mar
y aun mejor nuestra falta de cautela,
no vayáis a la playa, mirad que está nublado,
¿qué dice esta mujer si no ve nada?
me preguntaba yo, y aún me pregunto
dónde estaban esas nubes que siempre
mencionaba, esas nubes que tanto
me dieron que pensar. Yo suponía
que la ceguera estaba en ella para
enturbiar casi todo: el sol radiante
se convertía así en densa niebla,
la densa niebla abría todo al sol.
La ceguera como una puerta al mundo
al revés, yo Rosa y ella Javier;
me hacía reír solamente pensarlo.
Canfurneiros ¹ , mis padres en su boca,
se iban de paseo y nos dejaban
en casa de la tías, casa oscura
llena de cuadras húmedas que siempre
me asustaron, que siempre despertaron
mis miedos más secretos y, a la vez,
toda mi curiosidad.

Ahora recuerdo su voz cazallera
quebrada por los años, cantando un estribillo,
Ábreme la puerta Lola,
que yo asociaba entonces a otro tiempo
de flores más que tiernas, embriagadas,
que vengo herido,
aún sólo de su propia juventud
pero que no podrían entonar,
soy capitán de un barco,
ese mismo estribillo de una forma tan bella.

Y ahora yo te canto, Rosa muerta,
ese mismo estribillo con la edad
que yo te suponía cuando eras
la actriz protagonista, Lola amada
por algún marinero solitario.

Y ahora yo te canto ese estribillo,
con una variación y completándolo,
aun a riesgo sabido de que nadie
podría hacerlo nunca como tú:
“Ábreme la puerta Rosa
que vengo herido,
soy capitán de un barco
que se ha perdido”.

.

— — —
¹ Palabra gallega para designar a la persona juerguista.

.
(Poemas recogidos en “Por donde pasa la poesía”, Baile del Sol, 2011)

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Un comentario en “Dos poemas de Javier Gil Martín

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