Treinta y un poetas de Asturias

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EL EXTRAÑO TIENE su voz deshecha
por el hielo y se dirige a un lugar
siniestro, probablemente ese almacén enorme
en donde se subastan muchachas,
a estas horas de luna impredecible
y rostros señalados por almagre.
Mientras dura el engaño se viste como ellas
porque no importa mentirle a la vida,
ni robarle al olvido muslos ignorados
sin amor y con furia.
De sobra ya conoce el yeso frío
que sucede a las risas y a los labios
más rojos que la sangre,
pero nunca suyos.
Quiere su amor que la bondad no guarde
en sus bolsillos más días como el de hoy.
Un hombre extrañamente solo
que tras de sí arrastra el cuerpo inerte
de Betty, la putita más dulce
de la Tierra.

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HAY MÁS SABIDURÍA en el oficio
de embalsamador, sumido en sus jugos
y en los hilos oxidados de la muerte,
que en tu voracidad por lo inmóvil
y lo adverso.

Acaso nos invade una vez el exantema
del orgullo, besos clavados al dorso
de la furia, se postra
ante nosotros y es cómitre sin ti.
Sucede en el precario objeto
que nos alcanza la belleza,
nuestro corazón tuvo la culpa.

Yo soy el espectador que se levanta
después de haberme visto morir
a manos de Dolly Haze, la breve,
un día sin prisas, sin rencores.
.

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Mi aportación (la mitad de) en «Asturcones. Treinta y un poetas de Asturias», Canalla Ediciones, Madrid 2012. Prólogo de David de San Andrés.

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