¿no le puso ojitos?
¿dulcemente las manos?
¿no la pensó como ave o ternura?
¿agüita en la mesilla de noche
que apagara miedos o palabras feas?
¿sábanas de buena mañana
como verdad temerosa de ser escanciada?
¿no le dijo/ amor viceversa de cualquier astro?
¿no soltó amarradora/
cadenita de líquenes o tobillera?
¿no le entregó lo profundo estar
sombra festejada desde las manos?
¿manoslasmentedulce?
¿no dibujó acrobacias para sus zapatillas?
te quiero ¿no le dijo te quiero?

.

Julio Obeso, “Tres tristes trópicos”, Ediciones Amargord, Madrid 2012

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