Has tenido que venir a mi boca
para que supiese que existen todavía mensajes azules,
muchachas angustiadas por los ogros,
y niñas infinitas
que atesoran en sus ojos violetas y pájaros y besos.

Hasta hoy era mi sumisión un único episodio
extraviado en las sendas del bosque,
y mis labios
se confesaban incautos como el mar,
obstinados como la noche más amarga.

No podrás decir nunca que no amé tu incertidumbre
o tu enigma escarlata al final de las tardes.

Yo sé tu corazón abandonado a mi deriva y tu estatura
es el estanque blanquísimo
donde puedo ser otro hombre que sueña.

.

(Llegaba de un adiós terrible
su leyenda.
Fue la muchacha más turbadora que el verano
dibujase en mis sienes y en sus pechos
morían las luciérnagas de nitidez
o escalofríos.
Fue ella quien puso cotos en mi boca
y ensoñación en mis súplicas.
Inútiles los pantanos de amor
con que le hablaba
de disfraces, de asedios, de salivas.
Tendría que volcar en ella las lunas redes
de la noche
y murmurar en su sexo garzas y disculpas.)

.

Ese niño que a veces nos visita
y nos regala su rubor recién atribulado
aparece en nosotros sin más,
llora en tu cara
como un hombre hecho a la medida de tus cosas.

Él ha reconocido tu traje inoportuno
para las brumas reuniones,
Andrea.

Ha consentido buscar en tu anhelo
flores silvestres, tímidos embustes y una pizca
de amor que todo lo engrandece.

No debes contradecir a ese niño
que se llama
como tú y como yo, y que para colmo de males
es nuestro doble inmerso en brujas, nuestro amor
insoluble a las gotitas de azar.

.

(Que no diga que las siestas huyeron
de las efigies de su vientre.
Que no diga que los hombres
no forzaron
su sonrisa con licor y espejos de nada.
Que no diga de este amor dudas
y princesas porque no es justo reconocerse
en el manantial preciso de sus ojos
sin antes haber muerto
asesinado.
Que no diga mi nombre si no es para sumirlo
en el fugaz meteoro o truco de los labios.)

.
LUIS MIGUEL RABANAL
(Poemas publicados en la revista artesanal ‘Inopia’,
en la segunda mitad de los años 80.
Del libro inédito ‘Las dulces barbaries de Andrea’)

.
En Isla Kokotero. Gracias, Eloísa.

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