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UNA ESPECIE DE PLANTA

Tenlo presente para cuando te despiertes.
No necesitas
que te crezca el apetito por una urgencia
fútil, te sabes las adivinanzas que te sabes
y las que no, inventas
para él por doquier los cromos y los botes.
Afuera ha quedado la niñez
y su inmediata ternura has de examinarla
sin gentileza ni hostias,
desangelada como si fuese un accidente.
Como una tromba de agua que golpease
ahora tu cristal.
No debes quejarte todavía, la vida te sonríe
con su ojo vago y te recorta las uñas,
tenlo presente para cuando te despiertes
y veas abrazadas a ti las yedras
de la casa.
Pues parece ser que te conocen,
que buscan en tus ingles para herir en ellas
al adolescente que nunca fue mortificado
por algo semejante, es la hora
de las más puras contradicciones.
Cualquiera lo diría, un hombre que sufre
atado a sus recuerdos
que son un tiovivo o son la sacavera.
Depende de los vientos, del humo
que dejaban los barcos al partir
un día señalado de noviembre.
Tenlo presente para cuando te despiertes.
Y la vida, a tu pesar, prosiga y te falten
las ganas de anotar los mayores disparates,
y de esperar y esperar y esperar
el exterminio.

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Para seguir leyendo, aquí. Gracias, David.

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