14

Trancar la puerta
para que la soledad
no pase.
Después del verano
mortajas.
Líquidos, pócimas
con que aliviar esa
sequedad
tan extraña.
El amor que suda
en la frente,
que nos señala
con su dedo confuso.
Eras y no eras
el que abarcaba
los labios con miedo.
Con miedo
a gemir.

.
42

La calle que acecha
en silencio
cómo crecen tus pasos.
Asido a la pared
cuando hay ventisca
no mereces la horca
ni tampoco ese gesto.
Te santiguas
con rabia, escarbas
en tu nariz
diversos tesoros.
Pequeño ladrón
que guarda
en su hatillo una vaca
de goma, dos
cristales azules,
una muñeca
sin pies.

.

.

De CAMINEROS, JÍCARAS, VERDUGOS (2008).
Si quieres leer el libro entero, aquí.

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2 comentarios en “Dos poemas

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