12

¡QUIÉN fuera hombre y a la vez murciélago!

13

EL que avisa siempre es un traidor.

14

ME muero por besarte. Pero te has empeñado en ponerte silicona en los labios y, cada vez que te doy un beso, tu boca me sabe a contratiempo. Una pena. Y mira que te quiero.
Esa mezcla entre recuerdo y silicona hace que no comparta lo que un día te hizo daño. Déjame, mujer. Amo a un enigma. Eres joven y el traje negro me apasiona. Pero no me pone. Como no me ponen las opiniones de poetas juristas y contravertidos.

15

LLEVO un par de meses luchando con un poema. Una batalla feroz y descarnada. A versos por semana y apenas tengo cuatro. La idea está clara. Transparente. La ausencia de los antepasados, la realidad sombría y el recuerdo de la juventud cuando deseaba una muerte rápida y sin dolor. Y el final sorpresivo: déjame unos días para arreglar los papeles.
Siempre deseé acabar la vida mientras dormía. Ahora en cambio requiero unas semanas para cancelar cuentas, acudir al seguro y dejar las cosas más o menos establecidas. Es la nostalgia. El instinto de una supervivencia que se acaba.
Mientras hablaba con Paco Bejarano recordaba los versos escritos, a ver si las luces del poeta iluminaban. Y lo han hecho. Luces cegadoras, cargadas de humo tabaquero.
Susana (40:04). ¡Qué querencia tengo, coño!

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Javier Sánchez Menéndez, “Teoría de las inclinaciones”, Los papeles de sitio, Fábula, Sevilla 2012

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2 comentarios en “Teoría de las inclinaciones

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