caí en lo negro,
en el mundo insaciable.
L. C.

A la vida le rebosan los sobresaltos y las
ternuras cercenadas por manos misteriosas.
Alguien ha advertido desde un patio
inapreciable que no basta el silencio
para hacerse entender
por el amigo que escapa en la sombra.
A mi vida le toman el pulso
algunos proscritos y algunos imbéciles.

La mujer de cabellos sucios, de uñas
sucias y de encías desoladas,
es la patria que tuve.
De tanto devorar a sus hijos
enclenques le ha quedado el aliento
asqueroso: yo quería perpetuar el momento.

Cuando pasa la estación de las lluvias,
ese laberinto que jamás se extingue,
el antiguo muchacho se arriesga a saciar
su sonrisa de nuevo con sombras.
De nuevo los arpegios sin música
y el amor no me dicen sino tacaños
tesoros, mezquinos tesoros.

.

LMR
del libro inédito “Tres inhalaciones”.

 

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