VIII

El hombre amargo debería creer
en todo aquello que sustenta aún
su podredumbre.
Hay días disparatados que beben
su saliva y amputan su glande
con grandísimo sonrojo.
Su fiebre es interminable,
su amor por cuanto fue
parece que quemara sus muñones.
A veces de su dolor manan
tontinas princesas y búhos.
¿Desde cuándo está mirando?

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2 comentarios en “Un cielo azul para el leproso 2

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