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EXTRAÑAS

Cada día que pasa te jactas más y más
de esa leyenda oscurantista de la vida.
O acaso sea de la muerte.
Excepto tú nadie lo distingue,
la inquina que producen las horas terminadas
y las que ya no contemplaremos
jamás al amanecer, al irse
el sueño para siempre y los jadeos.
Excepto tú nadie lo distingue,
nadie, o eso te parece.
Es bueno verificar las peripecias
que enumeras sin cesar a las visitas,
serenan tu mirada como un reproche
y así creemos por momentos
en la inmensidad del desastre.
Son sombras que velan por ti.
Cuando tu cuerpo no se interesa
por el mundo infalible que aviva tus sentidos
cual tormenta, cual una gran disputa
que rifará tus miembros:
esta mano para que no se la coman los búhos
de la noche, este pie para acompañarte
cerca del brasero, este muslo que se resquebraja
sin que se entere, el muy bruto.
Es la aflicción ahora la dueña del colmado,
se mesa los cabellos
dándonos a entender que está desesperada,
que está cerca de aquí
para bañarse, por fin, como una faraona.
Son sombras que acceden a enfermar
lo mismo que un intruso,
señalan tu rostro para clavar en él augurios
raros, agujas de tejer, son tan graciosas.

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Gracias, Juan Manuel.

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Si te apetece, el libro me imagino que aún se podrá conseguir en librerías y también en Paquebote.

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