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AL CAMARADA LE SUDAN LAS MANOS

A saber quién es el valiente que pone hoy
en tus labios la palabra
ternura ternura ternura.
Hoy, que podría ser el último día
o si no, el día que levanta la tapa de los sesos
al que atienda, tal vez exagere.
Hoy, cuando alguien temeroso dispondrá
que dulcifique el poema, que dobles
tus manos como si no tuvieran sosiego,
que habrá que postergar la vida unos minutos.
Esta música que hace alborotar
si uno se esmera, este silencio gris
que sacude tus miembros para no despreciarlos,
nos buscarán en la noche
y aquel tahúr de antaño recogerá tu saliva.
Porque llega el niño con su torpedero
de cartón a partir la memoria
en tres mitades, tú creces hacia atrás, tú
reúnes los amargos requisitos del enfermo,
tu boca solamente sangra.
Asimismo has mirado en los libros
donde no cabe la congoja, allí tu voz
se desvanece en un tazón de leche fría,
te arde sin preguntar la médula que falta.
Hoy, cuando de nada sirve haber venido,
y te refugias en el escondite contiguo,
y consientes después de bostezar,
y bendices tu rostro, que es el rostro
del que carecía tu colección de angustias.
Cerca de ti se recrudece el estruendo,
música negra, música del diablo, morfemas
que arroja el desocupado a las vecinas.
Púrpura para trasnochadores.

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Gracias, MJ.

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Además de en tu librería, en Internet, en Paquebote.
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