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EL TESORO

era típico en aquellas sobremesas estivales
lavar las pepitas de los melones y comérnoslas.
No lo he vuelto a ver hacer. Era el oro
oculto en orzas de verde piel de sapo
que se abrían al postre, en rajas ecuménicas.
Nuestras primas las ponían a secar al sol sobre papel
de periódico. Deslumbraban
allí extendidas, tesoro súbito, a los pájaros,
alucinados por el espejismo
del calor de la hora. El sol justo en su cenit,
cayendo vertical, desmenuzado en pepitas
de melón. Neto residuo
del estío (como los granos de trigo tras la trilla)
precoz de nuestra infancia.
Éramos 17
primos Valles a repartirnos el botín,
y nos íbamos cada uno a su lugar, a su escondite,
a su libro, a su juego, mientras los mayores
echaban la siesta, a contar nuestras monedas.

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EDUARDO FRAILE VALLES
(Del libro ‘y de mí sé decir…’.
Ed. Tansonville. Valladolid, 2011.
Con ilustraciones de Bulgarcita)

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Tomado prestado de Isla Kokotero.

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2 comentarios en “Un poema de Eduardo Fraile Valles

  1. Versos deliciosos, refrescantes. Gracias Luis por acuñar suficiente sol en nuestros bolsillos para el invierno siempre cercano. Un abrazo.

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