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20

Todos duermen. Subiré ahora… Él yace en mi cama, en la que yo estaba acostado anoche: lo han cubierto con una sábana y han cerrado sus ojos con peniques… ¡Pobre chico! Nos hemos reído juntos con frecuencia -él soportaba su existencia con suavidad… Siento mucho que haya muerto. No puedo rezar por él como hacen los otros… ¡Pobre chico! ¡Todo lo demás es tan incierto!

21

Dos dolientes se abren paso entre la multitud. La chica, que agarra con una mano la falda de la mujer, corre por delante. El rostro de la chica es el rostro de un pez, decolorado y de ojos oblicuos; el rostro de la mujer es pequeño y cuadrado, el rostro de una negociante. La chica, de boca deformada, alza la vista hacia la mujer para ver si es hora de llorar; la mujer, colocándose una gorra plana, se apresura hacia la capilla del depósito de cadáveres.

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(Epifanías)

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James Joyce, “Escritos breves”, Ediciones Escalera, Col. Precursores, Madrid 2012. Traducción de Mario Domínguez Parra.

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