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NEFTALÍ REYES SE SANTIGUA A ESCONDIDAS

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El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
P. N.

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Para sucumbir a la pereza
se improvisaron países hermosos y labios
que disimulaban haber sido una tarde
desproporcionados, risueños.
Hoy no: a la vuelta del camino nos aguarda
un automóvil que explota y un corazón
extenuado que no se reconoce.

Aparentará que hemos sido raspados de la foto
por la sonrisa imbécil de un elfo
que recuerda haber estado allí, cuando
al amor le añadíamos admoniciones
y profundas gargantas desgastadas.
Cuando no escondía más sangre el amor
que la de la muchacha en aprietos
a quien se llamaba con infalible alboroto.

De aquella desazón, de aquella embriaguez
sin tamaño que nos abría la boca
después de discurrir que éramos nosotros
los elegidos por la vieja dama con sortijas
de papel, después de la anuencia
no vamos a perder la compostura,
digo yo.

Al cuerpo que fue nuestro aliado
el asesino lo soñó con incalculable dignidad.
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