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El niño cuchichea al correr con su sombra y sonríe. Ya no aparenta más que conduce un camión. Han mermado las tardes y las manos se hielan deprisa. Se conoce que tiembla al pasar y que se asusta y que no se hace grande. Es por eso por lo que ella le canta. Hasta que un día las canciones o el ceño se fruncen, no llores. En las callejas se escuchan patrañas, han visto a un hombre entregarse. A continuación de los vasos vienen los guardias y traen las pistolas. Cada cual porfía en no desenmascarar al contrario, no se te ocurra ni hablarme, aparta de aquí. La mujer que calla es la mujer que confiaba en nosotros, ningún bocado para ella, con bastante furia le tendrán que acabar confesando el despiste. Es el pasado, se adentra en el bosque y se desvirtúa la vida por pocas pesetas. A la zaga de ellos se escucha el acordeón de Salvador. Yo me aferraba a su vientre y era el raposo del cuento: insisto, todo da vueltas si vienes de un confín del mundo donde la sangre es oscura y ha llovido tan sólo una hora. Aquel personaje estrafalario y su disfraz, aquella chiquilla y su merienda de membrillo, se vuelven de espaldas y nos muestran a continuación el loco deseo. No mires atrás, no vayas a pregonar por ahí que la quieres.
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6 comentarios en “A la que falta 6

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