El cobijo de una desalmada

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UNA HOJA SECA

Vuela ante los ojos en una danza que desconoce
la rígida pesadez de lo corpóreo;
cruje, crepita y se escama en la turbia fiesta del aire.

No es sensible a su desamparo marchito.
No es consciente de su falta de savia.

Bordea los perfiles que la retan,
salta ante las fauces que se despliegan
al abrirse los cándidos labios de una ventana,
remolinea a escasos centímetros del suelo,
indecisa al rozar lo que la turba,
orgullosa de resistir tanta inclemencia.

Corre, vuela, respinga y se pierde para siempre
en el basurero mustio de cualquier jardín agotado,
en la alfombra estridente que se espacia aterida,
áspera y temerosa de los pasos inflexibles que la ignoran.

Sepultada en la maleza, se olvidará de sí y de los otros.
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(De “Cuaderno de otoño”)
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De Isabel Martínez Barquero en su blog.

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