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MEDIDAS

Los ojos de entonces, las miradas atónitas que hacían sollozar como si pelasen en casa del vecino miles de cebollas, los ojos que nos arrancó de sopetón la vida, son el tributo que ahora queda por referir. Palabras encontradas, dices, palabras de consuelo. Hubo quien se perdió en la orilla del pantano para ser más joven, sin querer, como un iluso invoca favores arrodillado ante los senos nacientes de la diosa. Palabras, también, desconcertantes. Desea el extraño que lo empujen al fondo del infierno, nos hace mucha gracia el coágulo que serena su mejilla, busca ser grotesco su dolor y a su abrigo regresamos sanos, y salvos, de la selva. A nuestra edad qué ruin desesperanza, Le responde.

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(C) Luis Miguel Rabanal
La casa vieja, 2002
Realización: María García Esperón
Música: L. Einaudi
MMXI
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En Escrito en Olleir.

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