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1
Si pudiese volver, si por lo menos pudiese volver. Se ha acostumbrado el muy tunante a arrancar los días del taco del tiempo como si le dolieran, se desequilibra mucho. Oye los ruidos, padece aún por lo que pudo haber sucedido entonces: habitaciones ruines, la conversación que viene y se va, que falta, todo es escuchado. Hay momentos dulces, por supuesto. Al filo de la noche, cuando es tranquila la vida y pasan ante él borrosas imágenes de otros. Cuenta sus delitos, mentalmente los anota en invisibles cuadernos sin tapas, se da prisa. Se da toda la prisa del mundo por volver y no se mueve nunca de su sitio.

2
Ha hecho apuestas sobre sus calificaciones, insistió en ello no con moderación y está a punto de conocerse el resultado. La hora de la verdad. Se le ve en la cara otra luminosidad y acaricia más la posibilidad de la gran victoria. Últimamente al llegar a casa, desde el micro de abajo, le dice exultante a su madre: mamá, otro sobre. El premio consistirá en diversas traídas y llevadas de libros, ya se sabe, de militroches, de legiones victoriosas, de regulares ácidos, sus pequeños-grandes ritos.

3
Lluvias torrenciales que en absoluto mitigan el malestar de estos días y no sólo el malestar personal. Muertes y más muertes todavía al fondo y el anuncio, terrible, odioso, de muchas más si nadie lo remedia. Y, me parece a mí, nadie lo remedia.

4
¿Hasta cuándo la incertidumbre, la inseguridad, el saber sin saber del todo? ¿Quién debe disponer de estos desarreglos para machacar aún más la falta de sentido? ¿Dónde se esconde, al fin, la cordura? Esa sombra que atisba sin piedad o se diluye, según mejor le vaya, en el caos. ¿Y si hubiera vigilando cerca, efectivamente, tal como se creyó en su momento, un muy singular gracioso?
Hay días que me da por ahí, decirme que mi atontado complejo de culpa no me va a permitir vivir tranquilo. Pero de qué culpa se trata. Seguir las huellas, desatar los cabos, muecas bonitas para los que ya me han hecho el daño más sucinto. Callar la boca, poner un gesto interesante e introducir el crudo mensaje en la botella: alguien, del otro lado, mirará con asco tu sufrimiento. Además, nada es imposible. Maravillas de lo absoluto.
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