Alfonso Xen Rabanal sortea Fantasía del cuerpo postrado

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apuntes en el desvelo, escrutando en tu libro el final de la noche:

Podría conjeturar alguna cosa acerca de la obra de Luis Miguel Rabanal… pero eso es un sueño que deseo soñar más adelante, cuando algo en mí adquiera el suficiente bagaje, esas cosas internas, del alma para unos, o neuronas para los que quieren diseccionarla a través del tubo ese que te devuelve un reflejo amplificado de lo aprehendido, intentando adentrarse en ese único refugio que nos queda en esta era virtual en la que ya no vivimos y, si acaso alguien lo ha conseguido, el vivir, sus palabras algún día serán como las de Luis Miguel Rabanal, como los reflejos en una visión de espejo, quizá fragmentado, ya fragmentado, en donde las imágenes son como chispas que captan nuestras neuronas espejo, que sin conocer saben percibir la imagen primigenia, y captan la sombra del eco de un paso que partió y otro que regresa siempre, como tornado anclado en el cruce de caminos, en el preciso instante en el que todo se rompe, y el espejo lacaniano cae al suelo de una infancia ya fragmentada en la memoria, yendo un paso más allá, como el paso que es de un conquistador de territorios ignotos, hasta llegar a ese terrible y magnífico instante en el que el puzzle se acaba, se vislumbra la imagen perfecta… y, al irse, se disgrega de nuevo en mil trozos que, al caer, conforman una sombra ya ajena, dolorosamente ajena, como asomarse a un abismo insalvable, abismo de reflejos, un territorio cercano y lejano, esa es la imagen que capta mi neurona espejo de tu palabra, el reflejo amplificado por otro reflejo en un juego de espejos rotos en la quietud del instante eterno, allí donde unas palabras murieron al nacer un grito que el olvido no cura… pues ya te sabes dentro de un territorio, encarcelado en el fragmento de azogue, y te ves reflejado en un mundo de luces y sombras condenadas a encontrarse sólo en el reflejo: en la mente de quien te lee, LM.

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