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Sin las catapultas y sin el tirador todo estaría perdido, así se justificaba el equilibrista Mustafá. Muy contrariados, los valientes tuercen el gesto de la victoria para no escribir más que sandeces aderezadas con diversas plumas de pavo. No seré yo quien contradiga al furioso espadachín de la tarde. Porque en la vejez no es raro ver apagar chimeneas arrojándole al fuego botellitas sin abrir de horchata de chufa. Cualquiera de nosotros no podría soportar por más tiempo la intensidad del reproche como ella lo hizo: no muy lejos de su ropa se esconden los jugos del pomelo y la salvia. Ya pronto anochece.

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6 comentarios en “Canas y sarro

  1. jaja, se que llevas razón, a mi me da coraje ver como voy cumpliendo años y eso que tengo 20. Pero debe ser bonito eso de dar paso a las sigueintes generaciones, no se, hablo desde el desconocimiento.

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