.
5
El niño se ha extraviado en el Alto de las Varas, se escabulle de nosotros porque somos culpables. Nos apetece mentir con relativa frecuencia y aun cuando cambiamos la ropa de sitio tenemos sumo cuidado con no coserle un siete a la vida. Por eso da igual si nos escucha o si crujen sus dedos como los de los atropellados al caerse de bruces, o si tose con ansias. Nos dice que no. Porque ha sobrevenido muy envenenado el castigo y las lágrimas cuentan una historia cada vez diferente, quien me quiera que me haga sentir el único dueño. Y dice más cosas. Si lográsemos estar junto a ella, o incluso colgarnos como entonces de su bata estampada, no sería lo mismo pero sabría que la tregua se extingue. Como una bolsa de almendras, de aquellas tan dulces. Pareces tan triste que nadie verá en ti lo que guardas de él. El olor de la muerte lo distinguía a la legua, fue una mañana que quisiera olvidar, el cuerpo insignificante tendido en esa caja y unas plantas marchitas. Al final de la carretera siempre queda la sombra del chopo, te inventabas el tiempo para contarlo, tú yacías allí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s