Un poema crepuscular

SE SENTARÁ en las rodillas
descarnadas del tiempo a ver pasar
los barcos que navegan a oscuras
y se pierden allí donde esperas
discernir lo azul de lo admisible.
Ha tardado tanto en venir a recuperar
la zafiedad que no perdona ser por otro
usada, si no fuera entonces, la casa
vieja que medró y se destruyó contigo,
la escalera rota y la llovizna
divagando la fiesta a goterones.
Pero claro que tenías razón.
Querría embrutecerse con quien
le negaba la desnudez, el júbilo.

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Canas y sarro

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Sin las catapultas y sin el tirador todo estaría perdido, así se justificaba el equilibrista Mustafá. Muy contrariados, los valientes tuercen el gesto de la victoria para no escribir más que sandeces aderezadas con diversas plumas de pavo. No seré yo quien contradiga al furioso espadachín de la tarde. Porque en la vejez no es raro ver apagar chimeneas arrojándole al fuego botellitas sin abrir de horchata de chufa. Cualquiera de nosotros no podría soportar por más tiempo la intensidad del reproche como ella lo hizo: no muy lejos de su ropa se esconden los jugos del pomelo y la salvia. Ya pronto anochece.

Philippe Soupault se asusta por poco

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Qué buen tiempo hace
P. S.
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¿Son los poetas las personas más viles,
las personas más tercas, las personas más puras?
¿Son los poetas los seres más rastreros,
los padres más clementes,
los intermediarios más tiernos y ruidosos?
¿Son los poetas andaluces de ahora quienes
cautivan más y mejor a las empalagosas
colegialas?

¿No serán los poetas los causantes de la crisis
que nos hunde en el fango, los autores
directos del calentamiento global, los culpables
incluso de la caída en picado de las vocaciones
agustinianas tan pías y elegantes?

¿Acaso no repudian las fruslerías los poetas
como cualquiera de nosotros, no se jactan
de beberse en una tarde toda la cerveza
que quedaba en el frigo, no se refriegan los ojos
antes de dormir para eternizarse abreviados?

¿Habrán sido los poetas alguna vez
verdaderamente felices?

Casicuentos en Artes y letras

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Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza
Ediciones Leteo, 2010
110 páginas, 10 euros

Autor de una veintena de libros de poesía, Luis Miguel Rabanal no ha alcanzado el reconocimiento que merece su obra. De ahí la importancia de este libro, que ve la luz en una edición minoritaria, como advierte Alberto R. Torices en su epílogo.
Concebido a comienzo de los años sesenta, pero inédito hasta ahora, Casicuentos para acariciar a un niño que bosteza incluye una cuarentena de relatos breves elaborados con una belleza literaria sobrecogedora. De sobrecogedora puede calificarse porque el lector se encuentra ante los universales del sentimiento vistos desde la perspectiva del dolor, lo que explica la visión subjetivizada e intimista de lo narrado. En el fondo estos «casicuentos» intentan un rescate de la infancia, casi siempre desde la amargura: «De un solo anochecer se ha de reconstruir la infancia». Ello explica que no exista valor documental en estos relatos, transformados en símbolos y alegorías de gran plasticidad. Un estilo poemático y un hondo sentimiento evitan la caída en un localismo rancio o inane. Por ello el campo es, frecuentemente, un escenario descrito con tenues elementos de intimismo impresionista: «Las acacias brillaban con su flor fragante y julio era ese mes desmesurado que busca refugio en el Monte de los Frailes para abrasarlo con grandes llamas rojas». Los sentimientos (sometidos a la expresividad de las sinestesias, al efecto del oxímoron o a finos recursos surrealistas) alcanzan condición trascendente, sin resto alguno de ganga humana.
Lo mismo ocurre con los personajes, cuyo marginalismo el autor recrea en imágenes inesperadas. De ello es buen ejemplo Paula, esa mendiga protagonista de Recuento de monedas, que «adoraba a los niños dándoles dedales de azogue para llevar a sus casas». Pero… «Paula se iba en primavera para regresar de nuevo, siempre, el dos de octubre», en ese mes maldito de Olleir, anagrama de Riello, el pueblo del autor: «Hoy es octubre, casi siempre es octubre». El espacio, el tiempo y los elementos humanos sirven así de lírico y bello rescate de un pasado, con el dolor como sustrato invariable.

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NICOLÁS MIÑAMBRES

ABC de Castilla y León. Artes y letras. 28 de mayo en papel, en digital 5 de junio.
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((Para terminar, dos pequeñas “aclaraciones”. La edición de este libro para nada es minoritaria, pienso yo. Se dice años sesenta cuando tendría que ser años noventa…))
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Dos poemas de Tomás Sánchez Santiago

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río

O lleno de canción o un filete de estaño que nadie solicita. Agua
de la verdad, nada te cierra el paso. Y entonces cuidas en tu ronda
de noche el sopor de los perros abandonados, las campanadas
sangrientas en los relojes más altos, los partos y los sueños y las
extremaunciones.

Un almanaque de asuntos silvestres baja por tus riberas. Estrépito
y mercancías asustadas.

Río.

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es la dejadez

Pasa sobre nosotros la luz callada de la dejadez. Y tras su estela, ¿qué
queda ennoblecido? Música de astros muertos, ortigas, tijeras brutas.
Es la sorda medida de las omisiones, con su pedrada
de oro.

Este es el oficio de agarrarse a las cáscaras.
Tú no lo puedes soportar. Buscas pasillos blancos.
O aúllas sin orden.

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De su libro inédito “Pérdida del ahí”. En el blog Las razones del aviador.

Crónicas para decorar un vacío en la niebla

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Beber para contarlo

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¿sabes, Bo?
ahora mismo en un outlet de internet están conectadas casi veinte mil personas ávidas de consumo.
Y viendo lo que queda en el Ágora del Sol, 240 personas.
La lotería nacional la van a privatizar y al no saber cómo vender el tema, ¿pérdidas?, los telediarios, que ya lo están, sólo hablan del rocío y ortega cano.
Esto es lo que hay en este país… nos merecemos lo que tenemos.

Ayer iba muy lento, no tenía espacio en el disco duro… decía el letrerito. Le pasé el ccleaner y me liberó cuarenta y cuatro jigas… todo de archivos temporales.

Mi chota también necesitaba un ccleaner… repleta de archivos temporales que la ralentizaban… A veces, la mañana me hace daño… entiendo a los vampiros de sangre… no a los psíquicos… a esos los ponía de pararrayos, empalados o no… por si les mola. Según pasaba el cleaner con mahou, la neurona, sí, esa última y psicalíptica, al verse otra vez con espacio la muy puta, va y saluda y se enrosca en sus dendritas… y se lanza al vacío.

Hoy lo paga todo mi cuerpo. A veces, la mañana me hace daño. Y alargar la ronda hace que los cuernos de orujo me taladren como a un espontáneo famélico.

Aun así todo lo recuerdo, aunque mi cabeza me abronque y mi hígado busque en las páginas amarillas un remiendavirgos.

Un micrófono registra el estallido de unas pompas de jabón, y de cada estallido surge un verso de un poema de Ana Pérez Cañamares recitado por Zapico, la gente se para, no deja a nadie indiferente… el sol sigue brillando en ciertos ojos.

Cuando mis palabras se niegan a sí mismas, el tiempo se detiene en unas escaleras y busco un rastro en mí, pues una pregunta peregrina por mis entrañas y necesito responderme al vomitarla… pero la pregunta se escapa y me veo de barra en barra deshaciendo el puzzle del camino, más bien recuperando las piezas perdidas en la mañana.

Quiero marcharme, necesito hacerlo… no consigo centrar mi chota.

Alguien llega tambaleándose, se planta en mitad de la plaza Cervantes… afianza su pies, levanta el puño izquierdo y grita: ¡gora eta!

Marcha por la calleja. Al minuto pasa un coche de la municipal. Siguiendo su rastro. Algo de escolta, taxi o ambulancia, tiene la escena.

Me miro en el espejo. Leo lo que pone la camiseta que me ha regalao Zapico… joder… debo de estar torcido de cojones o he atravesao el espejo pues parece escrito con carmín en el cristal de mis ojos: Beber para contarlo.

Más bien creo que todo lo que me rodea está torcido. Yo no soy tan surrealista… en ese aspecto, todos me superan. Me alcanza el pesimismo, no he debido leer tanto. Las hostias pasan como obrs, como pompas de jabón que estallan… y cuando nadie las rellene con versos, lo harán de sangre.

Pocos, muy pocos, han entendido algo… suficientes… Mi generación se ha dedicado a farfullar… me duele la cabeza de tanto hacerlo.

A veces deseo comprenderte, Bo… encerrada en tu burbuja hucha… con tu glory hole particular, tu cuerpo hipotecado y tu mente de outlet… a veces, Bo, puedo llegar a entender tu vida de politonos afónicos, las huellas de silicona que rastreo en tu camino virtual… ufffff… es la resaca.

Mi saludo es a la generación que está haciendo algo por despertar… los demás hemos perfilado caminos en las esquinas de los bares, relamiendo las palabras que son espuma que se desborda por la barra… palabras que son mojones de un sendero de serrín que busca escoba.

Ojalá podáis tener esa casa, un trabajo digno, tiempo para beber unas cervezas con los amigos…

tiempo para contarlo.

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Alfonso Xen Rabanal, de aquí.
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A la que falta 5

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5
El niño se ha extraviado en el Alto de las Varas, se escabulle de nosotros porque somos culpables. Nos apetece mentir con relativa frecuencia y aun cuando cambiamos la ropa de sitio tenemos sumo cuidado con no coserle un siete a la vida. Por eso da igual si nos escucha o si crujen sus dedos como los de los atropellados al caerse de bruces, o si tose con ansias. Nos dice que no. Porque ha sobrevenido muy envenenado el castigo y las lágrimas cuentan una historia cada vez diferente, quien me quiera que me haga sentir el único dueño. Y dice más cosas. Si lográsemos estar junto a ella, o incluso colgarnos como entonces de su bata estampada, no sería lo mismo pero sabría que la tregua se extingue. Como una bolsa de almendras, de aquellas tan dulces. Pareces tan triste que nadie verá en ti lo que guardas de él. El olor de la muerte lo distinguía a la legua, fue una mañana que quisiera olvidar, el cuerpo insignificante tendido en esa caja y unas plantas marchitas. Al final de la carretera siempre queda la sombra del chopo, te inventabas el tiempo para contarlo, tú yacías allí.

Un poema inédito de MJ Romero

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De la adoración de uno mismo cuando no hay yo identificativo

La llanura de las lagunas mentales no equivale a una balsa sobre un lago
ni a una coma o un punto sobre un párrafo libre de puntuación
point point
pelota va
pelota viene
la llanura de las lagunas mentales equivale a una inmensidad de vacío
directamente proporcional a las palabras olvidadas
búscame point
lánzame el signo
el signo pertinente
asígname en tus aguas foráneas
donde se apuran los trabalenguas a cedernos el paso
y nos ofrecen un ramo de no me recuerdes más
no me recuerdes
no te acuerdes
pétalos en cajitas de madera
pétalos llenando cuencos de cristal transparente
cuencos pecera sin peces
siguiendo el rastro
sobre fotografías antiguas de familiares engalanados y lustrosos
en días de fiesta
expuestos a las miradas del futuro que somos nosotros
en sus días de fiesta los observamos
como si hubieran sido ríos llegados a nuestra orilla
con pequeños ramos de laurel
y a las lagunas llega el olor del verde laurel húmedo
y se convierte en balsa a la deriva
el olor balsa.
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