.
Él se ofrece sin culpa.
Hunde en la materia
sus dedos
como si tuviera prisa.
No ama todavía a nadie
y aterroriza su gemido,
después de haber grabado
contrarios en su piel,
mujeres.
La tristeza
era aquel discurso.
Sin dulzura también,
ha mirado otra vez
la casa.

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