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XXXVIII

La mirada que comienza a gastarse
y el abrazo que no dimos tampoco esa vez.
Cada cual recoge con desesperación
su mutismo y lo lanza con cólera al espejo
del otro.

Espejos doblados, espejos de tanta certeza.
La desgracia esconde el desaliento de un niño
que no sabría jugar con el puzzle.

Hay gaviotas y hay murga, mas no desagua la tarde.
Te perdonas la rabia
que anida en tus bolsillos y el poema
que sin ti celebra el último aliento.

.

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De Cuanto sé de vos, en el aniversario de la publicación del libro en el tinglado (magnífico tinglado) de Gregorio Fernández Castañón. Gracias, MJ.

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