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A la vez que cicatrizan de súbito sus ojos, alguien,
desde un oscuro reino muy íntimo, le sacude en su sueño.
O le obliga a rendir su niñez porque es arduo perdonar
a quien no vive ya junto a nosotros y tiene mucha prisa.
Rolindes ha venido a recoger las arrugadas frutas del manzano
y no se queda llorando porque nadie aún la reconoce,
es fuerte también y su viejo vestido da lástima.
El niño comienza a recordar su propia conjetura
para confundirse con las nubes, las que se antojan
personajes de edad incomprensible y de lentes minúsculos.
Quiero creer en ese aspecto de las cosas que se rompen
sin abrigar esperanzas, al igual que aquel niño
escupía a la noche y en La Cerra odiaba ser pequeño.
Feliz quien puede ante el espejo roto
confesarse tal como fue y desnudarse con júbilo,
porque la vida es la gran zorra en ocasiones, o porque hoy
las urces no están ya repletas de mirlos y gigantes.

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8 comentarios en “Una (tristeza o película) de bandoleros (cerebrales)

  1. melancolía, nostalgia…Rolindes…la que te limpiaba las heridas de las rodillas…y a seguir trasteando. Abrazos.

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