Forúnculo, caverna, contractura… Trece horas seguidas pronunciando ante el público selecto habitual vocablos y vocablos sin ninguna otra consideración que la de no hacer nada mejor ese domingo. Cachivache, duermevela, sicomoro… Un momento de la tarde fue suficiente para que Felicia, con cierta turbación, contemplara desde el ventanuco el desfile de limusinas no del todo negras que abarrotaban el callejón de los sublimes, también llamado “de los hartos”. A eso de las seis el predicado había concluido. Monseñor, orangután, pilila…

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2 comentarios en “La bella y la güestia

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