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El niño se hace más frágil y al oscurecer, cuando nieva, se raspa con fiereza los dedos. Incluso es poco compasivo afirmarlo pero acoge tu cuerpo otro cuerpo inservible que sin parar confunde a los visitantes ridículos con mudas de felpa tiradas al arroyo cercano cuando lo que se desea arrojar no es más que la acritud… O el horror. Sin embargo no fuimos conscientes de que el aire nos faltaba de noche. La coruja y los ojos abiertos y sonando los muelles. Una alucinación para ti que esgrimes el desasosiego en tanto ella no acuda con el pocillo repleto de agua de azahar y de mimos. Quien ostenta el poder se echa a un lado, acapara sólo para él el momento de las melancolías que importan de veras. Con anterioridad, del coche se habían apeado los hombres de gris. Se les diferencia por un mote inaudible del que se sirven como un hierro candente. De cara a la pared, cuando caen trapos, al oscurecer, los faroles empapan el camino de Curueña de algo semejante al dolor. Yo reconozco haber andado a ciegas, en esa hora fatídica, con la pesadumbre y el pretexto de no ser yo mismo. Da exactamente igual, ella se retrasa, ella se va a fijar en las postillas enormes. Sin inmutarse lo escucha.

 

 

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