1

Grietas en las manos, como si el tiempo se hubiera entretenido en ellas para dar motivos de qué hablar. En la proximidad se habitúa a que el cariño desfallezca, se reclina sobre el muro y observa perplejo la conjunción inexacta de los astros. A menudo, a la par que el crecimiento de los días, se enfurece, o bien disfruta de la desconsolada música que contienen otras palabras advenedizas.

Con el rostro partido a la mitad por el frío, es un decir, se manifiesta particularmente maltratado: verás, le dice, me crezco en el pesar. Han dado ya las horas mientras él escucha pasar el leve resoplido del tiempo, siempre con asombro, su hálito azul, su brevísimo párpado.

En resumen, se acerca al hermoso bandolero del azar y es como si se arrojase al vacío de las furias consumadas, mira a la calle y ellos regresan, sí, mas no cogidos de la mano como antes. Tantos sobresaltos para terminar con un dolor indescifrable en el fondo de los ojos, si hasta parece que se escuda en la tenacidad para mejor ocultarse de todo ello. Verás, le dice, me asusta mucho el miedo…

 

2

Período de elecciones, qué asco, qué asco, qué asco. Por doquier imágenes bulliciosas de políticos, infinitas promesas que incumplir y la estupidez que estúpidamente se pinta en los labios estúpidos de todos. Mientras afuera, casi parece que es debajo de mi ventana, y casi seguro que debido a un acto electoral, suena la gaita con terrible dulzura.

 

3

Las cosas más simples, las que producen escozor en la mirada como una solemne aberración. Detrás de cada puerta se escondía el más miserable, jamás te tuvo piedad. Añoras en el recuerdo el signo verdadero que lo justifique, y sin que él lo sepa abrigas aún, igual que el muñeco de papel estrujado en el rincón, la esperanza de hallar una respuesta. Pero dónde. Por lo menos la respuesta que encubra la fatalidad: tienes que atreverte.

No son los días los culpables de tanta y tanta espesura en el entendimiento. Será por eso que celebras sin excesivo sentido la falta de fulgor de aquel episodio que manca. Conservas todavía sobre tu piel la señal que se produjo, crece sin cesar y tampoco te sostiene.

Andrés, desde Lanzarote, da señales de vida. Ya era hora.
 
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2 comentarios en “Aprendiendo a hacer gárgaras

  1. Muchas gracias, Horacio, por tus comentarios… No sé si continuará o no la serie, pero hay más en la categoría "Las apropiaciones de vidas", en este blogín, por si te apetece echarles una ojeada. Un abrazo.

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