HA TOMADO un libro de la mesa

y lee en voz muy baja, pretendiendo recuperar

la costumbre de hablar consigo a solas

y de contarse mentiras, atreviéndose

a mirar en las páginas gastadas

un mundo que le arrancó una vez las manos.

Dicen que la bruma envuelve el recuerdo

con guantes de charol y vino turbio.

Lee palabras abruptas

como maldiciones, dulces

como muchas noches de deseo impostergable.

  Ese soy yo, el que ya no es yo

y se mutila ferozmente porque trata

de asirte con su cuerpo ajado. *

Afuera se oye el trepidar confuso

de la tarde y él bosteza,

y tiene miedo.

 

 

 

* Tirso de Molina, me parece.

 

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