COMO UN  DIOS

 

 

puedes usar el corazón de precipicio,

y de latidos

las ganas de saltar;

 

en ocasiones

un traje de cemento

es lo más ligero para llevar de equipaje,

claro que, aunque todo esté perdido

siempre queda ropa impoluta

y sin arrugas

que al menos servirá en la mortaja

 

sin embargo, siempre fui… o

mejor dicho, yo soy más

de levantarme en las caídas

y resucitar

 

en los terceros días.

 

 

 

Gsús Bonilla,  “Ovejas esquiladas, que temblaban de frío”. Bartleby Editores, Poesía. Madrid 2010. Prólogo de Deborah Vukusic.

 

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2 comentarios en “Ovejas esquiladas, que temblaban de frío

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