Palabras solemnes que se le entregan

al caminante con dulcísima sorna.  

Yace aquí el mutilado, el torpe,

el amigo incansable del acontecer

que huye, el desalmado y su aliento

que una vez debió de sumirse

en el fracaso sin conocer su inquina.

Nada más palabras que escribir

en inmundas paredes. Fue cobarde

desde aquel domingo y se le vio

rondar por las aldeas junto a otro

más cruel, parecían los ojos negros

de la noche. Solamente palabras,

espinos sembrados con sudor

y manos grises. Si me supieras

buscándote a la orilla de todo,

nombrándote el cariño y tan lejos

de tu vulva, me mirarías caminar

como un anciano que besa labios

y cree haber mordido la carne sepia

y añoja del embuste, me dirías

también tú crees vivir por esto,

y para esto.

 

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