Tomado de Viktor Gómez Valentinos. Gracias, Víctor.

 

 

5

 

Amy Winehouse se hizo la raya en el ojo y la inhaló.

Puso un kilo de carne en la joroba de su cabello;

luego estando borracha lo hizo sólido, hizo polvo ese kilo

en un mortero de roca, cantando, mientras el sol

echaba semillas –los gorriones felices. Hizo polvo esa carne

y lo inhaló. Sacó la lengua para recibir una hostia

pero entró un pequeño disco de vinilo. Todos los amantes

son la chica inglesa, la maravilla, el portón abierto

entre sus dientes. Los amantes pusieron la radio;

giró la luna y no el grifo del agua: el rostro con tizne,

rastro de caracoles o pequeñas estelas de cuarzo

manchando la entrada de la nariz. Porque la estrella

sale arañada de una fiesta, adelgaza, la cara se le chupa

y aparece la calavera, otra gramática. Los amantes

devolvieron un plato. Vomitaron a la cuenta de 3;

los parafílicos dijeron algo bajo la ducha: el disco

de la Winehouse al girar de noche: no, no. Nos hicimos

con la punta del dedo ardiendo –inmolación del fósforo–

 

una línea negra encima del párpado. Año 60. Año

de hambruna, de swing no entendido –baños públicos

donde el solitario anota un teléfono. Metimos

un ojo por la abertura. Y la boca. Y sonreímos

porque nos faltaba un diente –lo arrancamos nosotros mismos

para afilar una cuchilla. Amy Winehouse es punky,

añade un comentario. La cantante, una diva de verdad,

destruye el ideario del cuerpo –o costra– no hace

más que repetir, ¿el cliché es la música? Es arte:

canon o carnicería –el opinólogo suma. El disco

salta bajo la aguja, giramos en órbitas –cristales de crack–

semiorbitamos el tronco –costillas marcadas. Yonkis

nacidos de la amapola, clínicas de desintoxicación,

décadas levitantes. A nadie le sorprende un caballo.

(Ni Blanca Andreu –ni su niña de provincias– sorprende).

Hablamos de Amy. Los amantes, sus índices, la yema

en el límite del cieno, superan el olor de los perros mojados.

Dildo o jeringa, palabra en todas direcciones. La mecánica

de penetrar es la misma. El giro. El giro. La música

pide rehabilitación. Pero Amy dice no y el poema, no.

 

 

Poema de Muchachos Cayendo de las Nubes (inédito).

 

 

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