Debes volver y advertir desde entonces que no vale haber sobrevivido ni haber llegado tan lejos como ahora, hasta un después que miras con angustia y con demasiada aflicción. Crees que el tiempo coge tu mano para poder arrancarla de tu mano mejor y así rebosa la noche por tu cuerpo, y la inmundicia trepidante que ensordeces, y el caos que empieza a dar la murga. O la barbarie que no vas a venir a censurar en absoluto, estúpido. ¿Crees que así será mejor para todos y que la desdicha es otra forma de descubrir a quien te desprecia? Debes volver hasta que alguien diga basta y su rostro lo arrope la memoria, el alquitrán y la bruma.

 

Nada ha cambiado desde el último día.

Nadie está conmigo, solamente el ruido del mar que tampoco es el ruido del mar que conozco sino el de otra quietud que embrutece escribir.

Nada sabe mi lengua de tu lengua y sin embargo hubo alguna vez un deleite estremecedor y austero que ya no recuerdo.

La casa se asombra entre las llamas y nadie está conmigo, por casualidad arden mis ojos y llueve mucho afuera y nada puede ser si tú previamente no lo invocas.

Llegan de muy lejos los pájaros…

Nada ha cambiado en aquel cuerpo que no me atañe y requiere de una bondad similar a la tuya.

Parece embuste toda esta compasión.

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