(lou reed in albuquerque)

 

 

Se cree importante porque ha vivido tanto,

descruza las piernas que ya no lo sostienen

y lo ampara la fatalidad. Ha oído

argumentos que provocan éxtasis, suda

mucho si camina, se le nota en la voz

un excelente títere roto, ostenta la sangre

desprotegida y ya no espera prácticamente nada.

Ceremoniosamente, como si pronto fuera a faltar

ante aquella que lo cuida con increíbles palabras,

con amor muchas tardes, ha desmenuzado

su cuerpo. Él querría sobremanera morirse.

Hay territorios que son dolorosos: Montecorral,

Valle Barreras, Las Calzadas, Valdeollas,

Las Sepulturas, Rinconedo, Fuéquinas…

 

Se hace entonces de noche y las extrañas

mujeres temblaban y era de frío pero no era

de frío el estremecimiento tampoco. Nunca

estuvo allí, nadie lo ha visto, si hasta

se duda de que exista. Quién lo iba a suponer,

a veces recuerda, a veces no recuerda.

 

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