M. M. Y J. A.

 

Ciertamente la muchacha se desviste para comprobar que se ciñe el mundo en su cadera y comienzan los pájaros el día en su ventana y el amor se hace tarde.

Ha pasado la noche como un tren por su cuerpo.

Ha pasado la noche como el alcohol aciago y cada hombre que besa obtiene su placer ahora desmedido y absurdo.

Juanita no parece hoy cansada, no parece la rubia mujer de Fernando, la que lloraba de frío y se creía en pecado.

Que viva entonces el demonio en sus pubis.

A veces no se acuerda de mí, ni brilla en sus ojos mi mirada que también era suya, ni comprende mi manera de estimularla ahora mismo mientras duerme y sonríe.

Juanita la cachonda, la del lunar azul más maravilloso, la más infatigable.

 

 

 

LUIS ROIZO Y CARMEN VALDÉS

 

Has vuelto a mirarme como ayer, con los desolados pensamientos de aquella, abriendo tus venas al pesar lo mismo que una niña se consume despacio por la fiebre, se deja desfallecer y todo ha terminado ya a lo largo y ancho de su sexo.

Nada que objetar a tu codicia desmesurada y sublime.

Que se vaya entonces de tu lado el muchacho tembloroso que padece por ti como un sonámbulo imbécil.

Alguien ha reparado en tu cuerpo como si fuese un cuento sin hadas, una historia repetida que nadie consiente en narrar otra vez, sin sangre y con tanto desamparo.

Que se vaya aquel hombre con su amargura y su luz entre las ingles y anochezca de nuevo.

 

 

 

 

© 2001 – Edición digital en 2004

 

 

 

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